El objetivo de éste blog

Dos años aportando a la construcción de un pensamiento nacional sin partidismos políticos ni fraccionamiento social



martes, 10 de abril de 2012

Burgueses... eran los de antes




Que fácil es ser burgués en los tiempos de hoy. Las ordenes se envían por mail o vía SMS. Las estructuras y organigramas se hacen en Power Point y se comprimen con WinRar, antes de enviarsélos a algún mulo de Recursos Humanos que se cree que es el Gerente de Finanzas y cobra igual que un Telemarketer. Los despidos se envían por telegrama y los descuentos por ausencias y liquidaciones en general, se terciarizan para reducir los costos del "face to face". En las nuevas etapas del capitalismo en donde es ponderado "el arte del derivar", la relación entre el burgués y el proletario se ha vuelto indirecta, distante y hasta virtual. Tan abstracta se ha transformado ésta relación, que me arriesgaría a decir que el burgués es sólo y nada más que un concepto vagando en las mentes proletarias. En las nuevas fases del capitalismo, la transnacionalización del capital, sobre todo en forma de inversión extranjera directa y creación de empresas multinacionales, ha puesto al trabajador a disposición de personas que ni conoce ni conocerá jamás; personas que extraña pero probablemente, no sean "dueños de la empresa" sino "accionistas", algo que los convierte en "dueños parciales" o "de turno", o algo de todo eso. La verdad y resumen es... que muy bien no se entiende. Se entiende tan poco, que muchas veces me pongo a pensar sobre éstas cuestiones de orígen dudoso y mi mente sufre una suerte de proceso de adormecimiento, llega a un punto de la cadena lógica en el cual dice "bueh, ya fue, total nada gano en entenderlo". Pero otras veces siento que si podríase ganar algo.
    Un accionista es, en un punto, un mercenario buscador de renta, que tiene intereses personales que son muy distintos a la vocación de generar productividad nacional. El accionista suele ser un medio pelo social en busca de ascenso económico o un pudiente capta renta típico. Cierto es que puede estar en cualquier parte del mundo y no tener ni vaga idea de quiénes son ni cómo trabajan los empleados de la empresa de la cual es partícipe. El accionista sólo analiza variables númericas y estima, especula, con crecimientos económicos de lo que agrega a su "cártera de inversiones". Muchas veces con sólidos argumentos y otras veces jugando a "la ruleta de la renta", haciendo rodar "la bolilla del capital", deseando que caiga justo en el pleno que se indicó previamente en "el paño del mercado". ¿Qué distante se pone todo, no? Pero puede serlo aún más, porque el inversor puede no saber ni el nombre de la empresa, porque probablemente contrató a un agente de cuenta que maneja su capital pasándole un informe mensual de dónde vaya a saber Dios, se sitúan sus activos financieros. Uhf... ¿Qué maraña de datos, no? Pero es la realidad. 
   Burgueses eran los de antes viejo, esos que en la esclavitud te azotaban en persona y latigo en mano, mirandote a los ojos para volver a darte un rebencazo en cuanto aflojes de tejer o arar la tierra. Burgués era el que se paraba en tu espalda mientras laburabas y el que te traía el plato de comida y te lo sacaba a mitad del almuerzo para que labures con más ganas en pos de conseguir la otra mitad. Burgués era el que se paraba en la planta de la obra a ver como laburaban como esclavos los obreritos esos de las jornadas de 16 horas.
   Ahora el burgués es una imagen, un concepto, una silueta que se materializa solamente para ir a Ibiza en verano y jugar al tenis en invierno. Aparece una vez al año en la empresa, lo reciben como si fuese Alejandro, el Magno, pero en verdad ni los trabajadores lo conocen a él, ni él a los trabajadores. Así es la vída hoy, así son las nuevas fases del capitalismo, distanciando a la prole de quien la emplea, una ventaja a considerar para el burgués. Es un mecanismo que inconcientemente provoca resignación, porque no hay una figura formal a la cual reclamarle, prenderle fuego el sillón o esperar a la salida de la jornada. No estoy justificando el bandalismo, sólo exagerando un poco para que aquel que lea se ría y entienda que la realidad es bastante irreal, es algo más parecido a un concepto superfluo que a un hecho palpable y cotidiano. 
   Y así empieza "la guerra laboral" entre, burgueses accionistas por un lado y trabajadores por el otro. En medio se supone que están los sindicatos y el Estado, regulando que las relaciones de producción sean sanas y rentables para todos. Aunque.... parece que no sucede siempre tan así. ¿Por qué? Bueno, porque existe un temita más en el medio que se llama "interés personal" y es la Kriptonita de la regulación eficiente. Y entonces empieza una tranza que lleva a la otra y a la otra y a la otra. ¿Cuántas tranzas, no? Todas terminan perjudicando al que trabaja, siempre. 
   En el sistema capitalista, el burgués es una suerte de "ángel de la guarda económica", que derrochando por donde camina, benevolencia a mansalva y solidaridad a granel, genera empleo para mantener todas las capacidades productivas del país ocupadas. "Abrieron una sucursal más... generaron 150 puestos de trabajo". Eso debería ser positivo, pero no siempre lo es, porque si se viene de una época recesiva con altos índices de desempleo la demanda laboral hace bajar los precios de los salarios; y en el caso que subiesen, la inflación corre los precios y los sueldos no alcanzan; y cuando se frena la inflación anclando la moneda hay apreciación cambiaria, entonces perdemos competitividad y puede que vuelvan los despidos y... ¡Ahhhhhh, por Dios! ¡Basta!
   Burgueses eran los de antes, los que te explotaban frente a frente. Los de ahora, se parecen más a una película Yankee que a la oligarquiía parasitaria promedio...




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